blog de la reflexion
jueves, 24 de julio de 2014
LA GRAN MARCHA DE LA SAL EN LA INDIA
Marcha de la sal
Gandhi en la Marcha de la Sal, marzo de 1930.
La Marcha de la Sal (12 de marzo de 1930-5 de abril de 1930) fue una manifestación dirigida por Mahatma Gandhi que se convirtió en uno de los más importantes acontecimientos que condujeron a la independencia de la India del Imperio Británico.
En los años precedentes, Gandhi había multiplicado las manifestaciones no violentas y las huelgas de hambre para obtener para el Raj británico un estatuto de autonomía análogo al concedido a las colonias de población mayoritariamente europea como Canadá y Australia.
Al no lograr concesiones de los ingleses, ciertos miembros de su partido, el Partido del Congreso Nacional Indio, se impacientan y proponen una guerra abierta, con una serie de sublevaciones armadas para expulsar a los ingleses del territorio hindú.
Gandhi insistió en su Camino de la No violencia y advirtió al virrey de la India que su próxima campaña de desobediencia civil sería el ejercicio del derecho natural de los hindúes a producir sal. Así pues dejó su áshram de los alrededores de Ahmedabad, al noroeste del país, acompañado de algunas decenas de discípulos y de un séquito de periodistas.
Después de un recorrido a pie de 300 kilómetros, llegó el 5 de abril de 1930 a la costa del Océano Índico. Avanzó dentro del agua y recogió en sus manos un poco de sal. Por este gesto irrisorio y altamente simbólico, Gandhi alentó a sus compatriotas a violar el monopolio impuesto por el gobierno británico sobre la producción y distribución de sal.
Como una forma más de dominio, los ingleses, al ocupar el territorio hindú se apropiaron de la producción de sal que hasta ese momento era un acto libre del pueblo. Cualquier persona que lo necesitara producía sal tomando agua del mar y dejándola evaporar en un cuenco. Los británicos establecieron un impuesto sobre la sal consumida. La sal era un producto de vital importancia y elevadísima demanda para conservar la carne y otros alimentos, debido a la escasez de mecanismos de refrigeración con que contaban los pobladores hindúes Los británicos impusieron severas penas para quienes produjese sal de forma autónoma. Este imposición de los británicos era análoga a la gabela que, bajo el Antiguo Régimen gravaba la sal en Francia.
Las autoridades coloniales británicas ignoraron la invitación de Gandhi para boicotear el monopolio británico sobre la sal. Varios compañeros políticos de Gandhi no encontraban razón en esta invitación, pero Gandhi consideraba necesario que la protesta a favor de la independencia se dirigiera primeramente contra un hecho o situación que perjudicase directamente a toda la población de la India, ya fueran hindúes o musulmanes, y de cualquier casta, ya que las características económicas de la sal (producto de necesidad básica, imposible de sustituir, y gravado por un impuesto que elevaba artificialmente su precio) hacían que un «boicot contra la sal» fuese más popular que una protesta contra leyes abstractas de autodeterminación política. El hecho que la población más pobre de la India sufriera las consecuencias del impuesto británico le daba un carácter más legítimo y masivo a la protesta.
En la playa, la multitud, nutrida de varios miles de simpatizantes, imitó al Mahatma y recogió agua salada en recipientes. Su ejemplo fue seguido por todo el país. De Karachi a Bombay los indios evaporaron el agua y recogieron la sal a plena luz del día, desafiando a los británicos. Estos últimos llenaron sus cárceles con 60 000 ladrones de sal indios.
Los independentistas indios, fieles a las recomendaciones de Gandhi, no se resistieron a los arrestos violentos de la policía colonial. El mismo Mahatma fue detenido y pasó nueve meses en prisión. Finalmente, el virrey reconoció su impotencia para imponer la ley británica, a menos que se utilizara ampliamente una represión violenta, con el riesgo que esta reacción quitara a los británicos todo crédito ante los indios, incluidas las élites. Cediendo a las peticiones de Gandhi, el virrey liberó a todos los prisioneros y presionado por las circunstancias reconoció a los indios el derecho a recolectar ellos mismos la sal.
Situado por aquel entonces en la oposición parlamentaria, el político británico Winston Churchill rechazó frontalmente toda propuesta de independizar la India y al conocer la protesta de la sal, Churchill ironizó sobre Gandhi llamándolo el «fakir sedicioso que sube medio desnudo las escaleras del palacio del virrey».
El Mahatma fue recibido triunfalmente en Londres por los liberales británicos que aceptaron una próxima independencia de la India, aunque los políticos británicos carecían de planes efectivos a corto plazo y dudaban entre una plena independencia o la autonomía dentro de la Commonwealth de modo análogo a Canadá o Australia. La discusión sobre la independencia india fue aplazada por la Segunda Guerra Mundial y las disensiones entre hindúes y musulmanes. El 15 de agosto de 1947, el Imperio de las Indias se convirtió por fin en independiente, pero al precio de una salvaje guerra religiosa y de la separación de India y Pakistán. En el contexto de este conflicto, Gandhi perdió la vida el 30 de enero de 1948, víctima de un fanático derechista hindú.
La Marcha de la sal supuso para los indios el equivalente al motín del té de Boston que condujo a los Estados Unidos a la independencia. Aun cuando no significó que el Reino Unido aceptase una mayor autonomía política para la India, sí dejó claramente expuesto que el gobierno colonial británico dependía del consentimiento de la opinión pública de la India, lo que forzó a los británicos a evitar una confrontación violenta con Gandhi y sus seguidores.
A lo largo de la marcha, Gandhi y sus seguidores entonaron a modo de himno el mantra Raghupati.
martes, 1 de julio de 2014
miércoles, 11 de junio de 2014
Biografia de Adolf Hitler
Máximo dirigente de la Alemania nazi (Braunau, Bohemia, 1889 - Berlín, 1945). Hijo de un aduanero austriaco, su infancia transcurrió en Linz y su juventud en Viena. La formación de Adolf Hitler fue escasa y autodidacta, pues apenas recibió educación. En Viena (1907-13) fracasó en su vocación de pintor, malvivió como vagabundo y vio crecer sus prejuicios racistas ante el espectáculo de una ciudad cosmopolita, cuya vitalidad intelectual y multicultural le era por completo incomprensible. Hitler tardaría en hacer oír su propaganda. En 1923 fracasó en un primer intento de tomar el poder desde Múnich, apoyándose en las milicias armadas de Ludendorff («Putsch de la Cervecería»). Fue detenido, juzgado y encarcelado, aunque tan sólo pasó en la cárcel un año y medio, tiempo que aprovechó para plasmar sus estrafalarias ideas políticas en un libro que tituló Mi lucha y que diseñaba las grandes líneas de su actuación posterior.Derrotado y fracasados todos sus proyectos, Hitler vio cómo empezaban a abandonarle sus colaboradores y la propia Alemania era arrasada por los ejércitos aliados; en su limitada visión del mundo no había sitio para el compromiso o la rendición, de manera que arrastró a su país hasta la catástrofe y finalmente se suicidó en el búnker de la Cancillería de Berlín donde se había refugiado, después de haber sacudido al mundo con su sueño de hegemonía mundial de la «raza» alemana, que provocó una guerra total a escala planetaria y un genocidio sin precedentes en los campos de concentración.
martes, 10 de junio de 2014
Adolf Hitler

Hitler hacia el final de la guerra
Máximo dirigente de la Alemania nazi (Braunau,
Bohemia, 1889 - Berlín, 1945). Hijo de un aduanero austriaco, su
infancia transcurrió en Linz y su juventud en Viena. La formación de
Adolf Hitler fue escasa y autodidacta, pues apenas recibió educación. En
Viena (1907-13) fracasó en su vocación de pintor, malvivió como
vagabundo y vio crecer sus prejuicios racistas ante el espectáculo de
una ciudad cosmopolita, cuya vitalidad intelectual y multicultural le
era por completo incomprensible.
De
esa época data su conversión al nacionalismo germánico y al
antisemitismo. En 1913 Adolf Hitler huyó del Imperio Austro-Húngaro para
no prestar servicio militar; se refugió en Múnich y se enroló en el
ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial (1914-18). La derrota
le hizo pasar a la política, enarbolando un ideario de reacción
nacionalista, marcado por el rechazo del nuevo régimen democrático de la
República de Weimar, a cuyos políticos acusaba de haber traicionado a
Alemania aceptando las humillantes condiciones de paz del Tratado de
Versalles (1918).
De vuelta a Múnich, Hitler ingresó
en un pequeño partido ultraderechista, del que pronto se convertiría en
dirigente principal, rebautizándolo como Partido Nacionalsocialista de
los Trabajadores Alemanes (NSDAP). Dicho partido se declaraba
nacionalista, antisemita, anticomunista, antisocialista, antiliberal,
antidemócrata, antipacifista y anticapitalista, aunque este último
componente revolucionario de carácter social quedaría pronto en el
olvido; este abigarrado conglomerado ideológico, fundamentalmente
negativo, se alimentaba de los temores de las clases medias alemanas
ante las incertidumbres del mundo moderno. Influenciado por el fascismo
de Mussolini,
este movimiento, adverso tanto a lo existente como a toda tendencia de
progreso, representaba la respuesta reaccionaria a la crisis del Estado
liberal que la guerra había acelerado.
Sin embargo,
Hitler tardaría en hacer oír su propaganda. En 1923 fracasó en un primer
intento de tomar el poder desde Múnich, apoyándose en las milicias
armadas de Ludendorff («Putsch de
la Cervecería»). Fue detenido, juzgado y encarcelado, aunque tan sólo
pasó en la cárcel un año y medio, tiempo que aprovechó para plasmar sus
estrafalarias ideas políticas en un libro que tituló Mi lucha y que diseñaba las grandes líneas de su actuación posterior.
De
nuevo en libertad desde 1925, Hitler reconstituyó el NSDAP expulsando a
los posibles rivales y se rodeó de un grupo de colaboradores fieles
como Goering, Himmler y Goebbels.
La profunda crisis económica desatada desde 1929 y las dificultades
políticas de la República de Weimar le proporcionaron una audiencia
creciente entre las legiones de parados y descontentos dispuestos a
escuchar su propaganda demagógica, envuelta en una parafernalia de
desfiles, banderas, himnos y uniformes.
Combinando hábilmente la lucha política legal con el uso ilegítimo de la violencia en las calles, los nacionalsocialistas o nazis fueron
ganando peso electoral hasta que Hitler -que nunca había obtenido
mayoría- se hizo confiar el gobierno por el presidente Hindenburg en
1933.
Desde la Cancillería, Hitler destruyó el
régimen constitucional y lo sustituyó por una dictadura de partido único
basada en su poder personal. El Tercer Reich así creado fue un
régimen totalitario basado en un nacionalismo exacerbado y en un
complejo de superioridad racial sin fundamento científico alguno (basado
en estereotipos que contrastaban con la ridícula figura del propio
Hitler).
Tras la muerte de Hindenburg, Hitler se hizo nombrar Führer o
«caudillo» de Alemania y se hizo prestar juramento por el ejército. La
sangrienta represión contra los disidentes culminó en la purga de las
propias filas nazis durante la «Noche de los Cuchillos Largos» (1934) y
la instauración de un control policial total de la sociedad, mientras
que la persecución contra los judíos, iniciada con las racistas Leyes de
Núremberg (1935) y con el pogromo conocido como la «Noche de los
Cristales Rotos» (1938) culminó con el exterminio sistemático de los
judíos europeos a partir de 1939 (la «Solución Final»).
Hitler hacia el final de la guerra
La
política internacional de Hitler fue la clave de su prometida
reconstitución de Alemania, basada en desviar la atención de los
conflictos internos hacia una acción exterior agresiva. Se alineó con la
dictadura fascista italiana, con la que intervino en auxilio de Franco
en la Guerra Civil española (1936-39), ensayo general para la posterior
contienda mundial; y completó sus alianzas con la incorporación del
Japón en una alianza antisoviética (Pacto Antikomintern, 1936) hasta
formar el Eje Berlín-Roma-Tokyo (1937).
Militarista convencido, Hitler empezó por
rearmar al país para hacer respetar sus demandas por la fuerza
(restauración del servicio militar obligatorio en 1935, remilitarización
de Renania en 1936); con ello reactivó la industria alemana, redujo el
paro y prácticamente superó la depresión económica que le había llevado
al poder.
Luego, apoyándose en el ideal
pangermanista, reclamó la unión de todos los territorios de habla
alemana: primero se retiró de la Sociedad de Naciones, rechazando sus
métodos de arbitraje pacífico (1933); luego forzó el asesinato de
Dollfuss (1934) y el Anschluss o anexión de Austria (1938); a
continuación invadió la región checa de los Sudetes y, tras engañar a la
diplomacia occidental prometiendo no tener más ambiciones (Conferencia
de Múnich, 1938), ocupó el resto de Checoslovaquia, la dividió en dos y
la sometió a un protectorado; aún se permitió arrebatar a Lituania el
territorio de Memel (1939).
Pero, cuando el conflicto en torno a la ciudad
libre de Danzig le llevó a invadir Polonia, Francia y Gran Bretaña
reaccionaron y estalló la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Hitler había
preparado sus fuerzas para esta gran confrontación, que según él habría
de permitir la expansión de Alemania hasta lograr la hegemonía mundial
(Protocolo Hossbach, 1937); en previsión del estallido bélico había
reforzado su alianza con Italia (Pacto de Acero, 1939) y, sobre todo,
había concluido un Pacto de no-agresión con la Unión Soviética (1939),
acordando con Stalin el reparto de Polonia.
El moderno ejército que había preparado obtuvo
brillantes victorias en todos los frentes durante los primeros años de
la guerra, haciendo a Hitler dueño de casi toda Europa mediante una
«guerra relámpago»: ocupó Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica,
Luxemburgo, Francia, Yugoslavia, Grecia. (mientras que Italia, España,
Hungría, Rumania, Bulgaria y Finlandia eran sus aliadas, y países como
Suecia y Suiza declaraban una neutralidad benévola).
Sólo Gran Bretaña resistió el intento de invasión
(batalla aérea de Inglaterra, 1940-41); pero la suerte de Hitler empezó a
cambiar cuando lanzó la invasión de Rusia, respondiendo tanto al ideal
anticomunista básico del nazismo como al proyecto de arrebatar a la
«inferior» raza eslava del este el «espacio vital» que soñaba para
engrandecer a Alemania (1941). A partir de la batalla de Stalingrado
(1943), el curso de la guerra se invirtió y las fuerzas soviéticas
comenzaron una contraofensiva que no se detendría hasta tomar Berlín en
1945; simultáneamente se reabrió el frente occidental con el aporte
masivo en hombres y armas procedente de Estados Unidos (involucrados en
la guerra desde 1941), que permitió el desembarco de Normandía (1944).
Derrotado
y fracasados todos sus proyectos, Hitler vio cómo empezaban a
abandonarle sus colaboradores y la propia Alemania era arrasada por los
ejércitos aliados; en su limitada visión del mundo no había sitio para
el compromiso o la rendición, de manera que arrastró a su país hasta la
catástrofe y finalmente se suicidó en el búnker de la Cancillería de
Berlín donde se había refugiado, después de haber sacudido al mundo con
su sueño de hegemonía mundial de la «raza» alemana, que provocó una
guerra total a escala planetaria y un genocidio sin precedentes en los
campos de concentración.
domingo, 25 de mayo de 2014
biografia de FRIT HABER
Fritz Haber

Fritz Haber
(Breslau, 1868 - Basilea, 1934) Químico alemán
conocido por su desarrollo de un método económico de síntesis del
amoníaco que permitió la fabricación a gran escala de abonos y
fertilizantes nitrogenados. Su descubrimiento le valió el Premio Nobel
de Química en 1918.
Fritz Haber
Fue discípulo de Liebermann y profesor en
Karlsruhe y Berlín. Investigó sobre la combustión y la electroquímica.
Desde 1906 investigó acerca de la síntesis industrial del amoníaco,
llevado a cabo por vía catalítica y a fuerte presión. En 1909, en
colaboración con C. Bosch, descubrió un sistema de fijación del
nitrógeno atmosférico en gran escala que permite obtener fácilmente
amoníaco a partir de nitrógeno e hidrógeno con empleo de catalizadores
(fundamentalmente hierro), método actualmente conocido como el proceso
de Haber-Bosch. A partir de 1913 el amoníaco adquirió importancia en el
proceso de fabricación a nivel mundial de abonos nitrogenados.
Hacia 1911 ocupó el cargo del recientemente
fundado Instituto Kaiser Wilhelm de Química y Física, en Berlín-Dahlen.
Durante la Primera Guerra Mundial participó en el proceso de fabricación
de explosivos en Alemania y en el control científico de la guerra
química germana, diseñando máscaras de gas y otros medios de defensa
contra las armas bélicas de los aliados. En 1933 dimitió del puesto que
ocupaba y emigró en protesta contra el antisemitismo. Trabajó en
Cambridge y murió mientras viajaba a Israel, donde le esperaba una plaza
de investigación.
lunes, 3 de febrero de 2014
Primera Revolucion Industrial
El cambio que se
produce en la Historia Moderna de Europa por el
cual se desencadena el paso desde una economía agraria y
artesana a otra dominada por la industria y la
mecanización es lo que denominamos Revolución
Industrial. En la segunda mitad del siglo XVIII, en Inglaterra, se
detecta una transformación profunda en los sistemas de
trabajo y de la estructura de
la sociedad. Es el
resultado de un crecimiento y de unos cambios que se han venido
produciendo durante los últimos cien años; no es
una revolución repentina, sino lenta e imparable. Se pasa
del viejo mundo rural al de las ciudades, del trabajo manual al de la
máquina. Los campesinos abandonan los campos y se
trasladan a las ciudades; surge una nueva clase de
profesionales: los obreros. Algunos de los rasgos que han considerado definitorios de la
revolución industrial se encuentra en el montaje de
factorías, el uso de la fuerza
motriz.
Primera Revolucion Industrial
El cambio que se
produce en la Historia Moderna de Europa por el
cual se desencadena el paso desde una economía agraria y
artesana a otra dominada por la industria y la
mecanización es lo que denominamos Revolución
Industrial. En la segunda mitad del siglo XVIII, en Inglaterra, se
detecta una transformación profunda en los sistemas de
trabajo y de la estructura de
la sociedad. Es el
resultado de un crecimiento y de unos cambios que se han venido
produciendo durante los últimos cien años; no es
una revolución repentina, sino lenta e imparable. Se pasa
del viejo mundo rural al de las ciudades, del trabajo manual al de la
máquina. Los campesinos abandonan los campos y se
trasladan a las ciudades; surge una nueva clase de
profesionales.Algunos de los rasgos que han considerado definitorios de la
revolución industrial se encuentra en el montaje de
factorías, el uso de la fuerza
motriz... además de los cambios que trajo: se pasa de un
taller con varios operarios a grandes fábricas, de la
pequeña villa de varias docenas de vecinos a la
metrópoli de centenas de miles de habitantes.
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